- No se llevó a cabo ningún estudio arqueológico previo a la demolición con el que, cuando menos, documentar la naturaleza y la historia de tan emblemática construcción, estudio que ya es imposible realizar;
- Aunque a simple vista la nueva obra parece haber dejado el templo tal y como estaba, se han introducido ciertas modificaciones que hacen que el resultado sea una suerte de pastiche.
- Todo esto fue posible gracias a que la iglesia no contaba con ningún nivel de protección.
En el dibujo de encima se muestra un alzado de la fachada de la Iglesia que da a la Plaza, realizado por el arquitecto Javier Barroso antes de ejecutar las obras de rehabilitación que se llevaron a cabo en los años 40 del siglo XX tras la Guerra Civil. En este caso se efectuaron cambios importantes que configuraron, un poco gratuitamente, el aspecto actual de la torre:
- Se demolieron ciertas partes de la construcción:
- por un lado la escuela católica que se había construido en 1934, ocupando el atrio y parte del Portalillo y cuyo acceso, como se ve en el dibujo, era a través de una puerta y unas escaleras que daban a la rampa que une la Plaza y la Iglesia;
- por otro ciertas dependencia que ocupaban el espacio de lo que hoy es un muro en torno a la torre, ya presentes en los planos del siglo XIX y que, probablemente, servían de apoyo a la estructura de campanario.
- La torre no se levanta centrada respecto al eje de la nave de la Iglesia, sino desplazada hacia la izquierda. En el dibujo, el lado izquierdo de la torre es recto y el derecho es una de las dos aguas de la nave. Actualmente al lado izquierdo hay un muro que finge, visto desde el frente, que la torre se levanta en el centro de la nave, dando la sensación de que la Iglesia es mayor de lo que es y aportando simetría a la fachada.
- Por lo tanto, la imagen de la Iglesia que tenemos actualmente desde la Plaza, con su simetría y su claridad, es una interpretación de Javier Barroso. El edificio original con su torre desplazada a un lado de la nave y sus construcciones aledañas más bajas, parece que fue concebido de otra forma. De hecho si se demolió la torre en 2000 fue porque se inclinaba y amenazaba según parece con caerse hacia la zona que antes ocupaban dichas construcciones, cabe preguntarse si los artífices del edificio original, no previeron tal riesgo y lo solucionaron calzando la torre con otras construcciones más bajas, siendo el capricho del señor Barroso en los años 40, la causa principal de haya que haber acabado mutilando la obra antigua. Tal vez el muro del lateral izquierdo de la torre acoplado en los años 40 no tenía solo una función estética, sino que pudo pretender ser un contrafuerte que sustituyera la función de las construcciones demolidas, dispositivo insuficiente en cualquier caso si pretendía que hiciera de contrafuerte, ya que no sujetaba la torre en la dirección en la que luego se produjo la inclinación.
En la imagen superior vemos la vieja torre a la izquierda y la nueva a la derecha. Parece que la obra de 2000 quiere enfatizar la idea de Javier Barroso de conseguir una fachada simétrica que de la sensación de que el templo es más grande de lo que es. En la nueva se ha ha aumentado considerablemente la altura de la puerta y también se ha desplazado a la izquierda, centrándola con la torre y descentrándola al interior como luego se verá. La hornacina se ha reubicado reforzando el eje de simetría. Se han añadido además dos ventanas que no existían, puesto que originalmente esta parte era un macizo de tres o cuatro metros de espesor que servía de base a la torre. Por último, si nos fijamos en el lado derecho de la fachada veremos cómo la antigua tenía un desnivel que en la nueva se convierte en una sola línea recta.
También conviene comentar que en la nueva obra se ha empleado piedra de Colmenar para enfatizar partes que eran mucho más humildes en la obra original: el zócalo, las esquinas, el recercado del arco de la puerta imitando sillares y las piedras que enmarcan las dos nuevas ventanas, son algo que pretende dar una imagen de la iglesia como se supone que tendría que haber sido pero como, de hecho, nunca fue. Lo mismo ocurre con la cornisa del alero de la torre, la antigua era de yeso y se relacionaba formalmente con las de la nave, en el interior del templo. La nueva es una moldura más simple, totalmente gratuita tanto por la forma como por la piedra en que se ha hecho.
Las dos esculturas también se han modificado: la imagen de la Virgen de la Blanca, de piedra caliza blanca en origen, se ha patinado de un tono ocre sin quedar muy claro el criterio de dicha pátina. La imagen del Corazón de Jesús que remata la torre fue una ofrenda de los vecinos, era de cemento y tendía humildemente sus brazos al pueblo (en la imagen de al lado, una vez bajado de la torre), la nueva es de mármol blanco y hasta el gesto es distinto ¿acaso expresa mejor el fervor del pueblo el lujoso mármol que el cemento que con tanto esfuerzo fue adquirido en su día?... la pena es que parece haber quien piensa que sí.
En la imagen superior más de lo mismo (antes de la reforma a la izquierda, después a la derecha), se ve claramente el muro del lado izquierdo, aportación como se decía al principio, de Javier Barroso. Si nos imaginamos la fachada sin dicho muro, el cambio es sustancial y se acaba de entender el dibujo del principio. La nueva torre sí ha respetado en este lado el perfil digamos escalonado, aunque, eso sí, se han cambiado las alturas.
En la torre antigua, a la izquierda, el tejadillo más bajo y la puerta corresponden al acceso de la antigua casa del sacristán. Tras la obra, a estas dependencias se accede desde el interior del templo. Al subir este tejadillo se enmascara aún más el muro de Javier Barroso, consolidando la ilusión de que, desde el exterior, el templo es más grande.
También se han modificado el tamaño del hueco para campanas de la izquierda y el posterior, que da al tejado de la iglesia y no se ve en la imagen, correspondientes a dos campanas de menor tamaño que tuvo la iglesia antes de la Guerra Civil. Los balcones tampoco son los originales, las barandillas nuevas tienen una decoración se puede decir que rústica, que ni alude a la antigua ni deja claro que se trata de elementos completamente nuevos.
Ahora comparamos la puerta antigua, a la izquierda, con la nueva. Tomando como referencia los dos machones del muro perimetral se hace evidente el desplazamiento a la izquierda de la puerta. Además, aunque la puerta original sí se ha reutilizado, se ha aumentado la altura del arco de forma que para llenar el hueco se ha colocado una estructura de madera.
En el empedrado antiguo se podía leer, justo ante la puerta, "AÑO 1948". En el nuevo empedrado también se observa claramente el desplazamiento a la izquierda, dicho empedrado imita el antiguo y se puede leer entre los machones "2002", ¿también fue necesario cambiar el empedrado, que contaba con un régimen de protección ambiental?.
En esta otra comparativa vermos la zona del coro: antes de la reforma de 2000-2002 a la izquierda y a la derecha después de dicha obra. El desplazamiento de la puerta es más obvio aún desde este punto de vista que desde el exteriro. Los arquitectos han aprovechado que se han adelgazado los muros para abrir ventanas (las dos nuevas a derecha e izquierda de la puerta, y otra más formando la hornacina de la Virgen visible desde el exterior), que transmiten la luz al interior mediante unas grandes cristaleras.

En esta otra comparativa: a la izquierda el coro en los años 80, a la derecha la situación actual, ahora en color, en una fotografía publicada en la Enciclopedia Digital del Románico.
En el plano de debajo, de 1983, vemos cómo la puerta a los pies está centrada y cómo la torre se apoya en dos macizos que ahora son un vestíbulo y la capilla bautismal.
El resultado fue por lo tanto una obra que más o menos se parece a lo que había, más funcional puesto que da más luz a la iglesia, incorpora las dependencias de la antigua casa del sacristán y transforma el antiguo macizo sobre el que se apoyaba la torre, en un espacio útil. Parece además que los arquitectos han dado por bueno el criterio de Javier Barroso de que la fachada sea más ancha que la nave y aumentar la sensación de simetría en dicha fachada.
Desde aquí nos hacemos las siguientes preguntas:
- ¿Era la interpretación de Javier Barroso la correcta para una obra popular del siglo XVIII?
- ¿Era necesario destruir por el camino los matices que hacían singular a la construcción?
- ¿Era necesario desplazar la entrada desde su eje lógico, enfrentado al altar mayor?
- ¿Porqué se ha aumentado el tamaño de una entrada que no se usa como principal acceso al templo?
- Si la obra original era de materiales humildes como yeso y mampostería, ¿qué se pretende con los recercados y la cornisa de piedra? ¿embellecer, dar enjundia, dar sensación de antigüedad, hacer lo que se hubiera querido hacer en el pasado pero no tenían medios?
- ¿Por qué es mejor una Virgen Blanca patiada de ocre que una de piedra blanca, o un Cristo de mármol blanco que uno de cemento con su pátina del tiempo?
Ya no es posible hacer estudios arqueológico, histórico o artístico, que podrían haber ayudado a conocer mejor la construcción original. Con dichos estudios se podría decidir si demoler la torre y, de hacerlo, de qué forma interpretarla evitando arbitrariedades... puestos a cambiar las cosas incluso se podría haber revertido la intervención de Barroso, calzando la torre con la construcciones aledañas que, con el tiempo, han demostrado tener un carácter estructural y no ser ni una chapuza indeseable ni un capricho arbitrario.
Fotomontaje a partir de una imagen de la torre antes de la obra de 2000-2002, que pretende dar una idea de cual sería el aspecto del campanario antes de la intervención de los 40, a partir del alzado de Javier Barroso.


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