lunes, 7 de julio de 2014

Una iglesia cambiante


En la imagen de al lado, detrás de los elementos de primer plano, se aprecia un poco a medias el retablo mayor barroco que hubo en Valdelagun. Como es sabido este retablo se destruyó durante la Guerra Civil. Una pérdida traumática achacable a un hecho excepcional. El resto de pérdidas patrimoniales desde entonces, expuestas en parte en este blog, se producen sigilosamente, menoscabando la herencia recibida, tan eficazmente como una guerra.

Vamos hablar pues de esta eficiencia y de cómo, tras lo ocurrido en el 36, concilios, casualidades, buenas intenciones y desconocimiento entre otros factores, han transformado y deformado la iglesia de Valdelaguna en los últimos cien años, de forma más rápida y profunda de lo que se había hecho desde los siglos XIII o XV que parece ser que es más probable que se construyera la iglesia.

Antes de nada y para facilitar la comprensión de los datos aportados a continuación conviene establecer aquí una pequeña cronología sobre las distintas intervenciones que se ha sucedido en la iglesia desde su desmantelamiento en la Civil.

- Años 40: Obra a cargo del Servicio Nacional de Regiones Devastadas, arquitecto Javier Barroso. Se eliminan construcciones en torno a la torre y se levanta un muro lateral adosado a ella para dar la sensación que dichatorre está centrada respecto de la nave. Se elimina también el local de la escuela católica del atrio, construida en 1932. También se desmontan el camarín de la Virgen del Carmen y el balcón del órgano. Se instalan humildes retablos de yeso imitando mármol en el altar mayor y en el de la Virgen del Carmen. El retablo de Santo Toribio se trae de su antigua ermita, cerrada al culto desde inicios del siglo XX. Todo el flanco norte de la iglesia se usó como almacén, incluida la antigua capilla de la Soledad, donde hasta los 90 podían apreciarse restos de decoración pictórica imitando mármoles de colores.

Años 70: siendo párroco Don Pedro, obras para adaptar la liturgia a las nuevas directrices del concilio Vaticano II. Se desmontan las decoraciones del presbiterio de los año 40, cerrando el acceso desde la sacristía. Se retira la reja del púlpito, de antes de la Guerra Civil. La pila bautismal se trasladó de la capilla a los pies de la iglesia, lado del evangelio, a la del crucero del mismo lado. Hay quien asegura que fue entonces cuando se eliminó también una puerta de madera torneada que cerraba la capilla bautismal. Se cambió el suelo de cerámica por otro de losetas de cemento hidráulico blanco y negro. Se retiraron las laudas del crucero y se apilaron en la capilla bautismal original. Con los restos que aparecieron en el suelo se llenó la cripta de los fundadores de la capilla del lado del evangelio a la altura del crucero, cuyo acceso, a través de una losa de piedra en el suelo, aún existe.

Principios de los 80: Se mutilan los extremos curvos de las cuatro escaleras de subida al altar mayor y se colocan unas barandillas de hierro pintadas de negro con piñas doradas en los arranques.

Finales de los años 90: A instancias del párroco, Tomás Correas García, se cambia completamente el suelo de la iglesia, incluidos los restos de los escalones del altar mayor, que se reubican en las comunicaciones de la nave y el flanco norte, en el crucero  a los pies. Se eliminan los morteros en el interior de ábside en una franja de unos 2,5 - 3 metros de altura contando desde el suelo, para comprobar el estado de la mampostería, considerado la posibilidad de dejar la piedra vista. Se opta por aplicar nuevamente morteros, cemento gris, y colocar un zócalo de placas decorativas de piedra caliza de 1,20 metros de alto y rematadas por una moldura del mismo material. La pila bautismal se cambió de la capilla del crucero, lado del evangelio, a la nave principal, a los pies del altar, esquina nave de la epístola. Se descubre la piedra de un arco que comunicaba la antigua capilla de la Soledad con la capilla del crucero del lado norte. En esa misa antigua capilla de la Soledad se cubre la bóveda de medio cañón con falso techo adintelado y se cubren los restos de pintura imitación mármol.

Años 2000-2002: Siendo párroco también Don Tomás, reforma a cargo del estudio de arquitectos Barahona y Oviedo. Fue demolido y reedificado en ladrillo y cemento, una cuarta parte del templo: la torre, parte de la nave principal,(incluyendo el coro), el atrio y todas las dependencias del flanco norte. También se cambió completamente toda la viguería de las cubiertas de todo el flanco sur. La pila bautismal se colocó en su ubicación actual, en una nueva capilla a los pies de la iglesia debajo de la torre, flanco sur. Las laudas apiladas en los 70 bajo el coro, se trasladaron al exterior, en un patio colindante. En el exterior del edifcio se eliminó el revoco en una franja de un metro de alto para dejar una especie de zócalo de mampostería. El retablo de Santo Toribio fue intervenido en los talleres de Santiago Lara Molina. A los pocos años,el retablo de yeso de la Virgen del Carmen, de los años 40 se cambió por otro nuevo neobarroco, de Artemartínez. Una vez acabada la obra, en las labores de pintura, se descubre el mural gótico del ábside.

Con posterioridad: Pequeñas intervenciones, como el desplazamiento de las repisas de piedra colocadas en el altar mayor: la del sagrario se centró respecto al eje de la iglesia (se puso a un lado en origen para poner a los pies de la cruz a la Virgen del Carmen), colocando un fondo decorativo. A la izquierda de esa repisa, otra nueva en la que vemos hoy una imagen de la Virgen con el Niño, de aire románico. Se pintó de gris una franja completamente blanca que quedó en el ábside, ente el zócalo de piedra y los restos de mural, para armonizar dicha franja con el mural.

Comentarios sobre las distintas intervenciones


En la imagen de la izquierda (aportada por Jorge Sánchez de las Peñas en el grupo sobre la historia de Valdelaguna en Facebook) se aprecia el resultado de la intervención de Javier Barroso entre 1940 y 1948 en el mismo ábside de la fotografía superior.Se observan en la imagen, cubiertas con tela blanca, unas barandillas que según los inventarios de la iglesia que colocaron en los años 20 del siglo XX al borde del altar. La puerta que comunicaba el altar con la sacristía, es el hueco de detrás de dichas barandillas, a la derecha. Flanqueando el altar hay dos peanas de madera pintadas imitando mármol que aún rondan por la iglesia. En las hornacinas, de izquierda a derecha, la Virgen Milagrosa, el Corazón de Jesús y Santo Toribio. Este el estado del ábside cuando José María Azcárate hace su inventario en los años 50. Entonces, en vez de Santo Toribo, se  cita a San Antón. Quiźa el patrón estuvo temporalmente en el altar mayor hasta que se dispuso el retablo barroco que se trajo de la ermita. Tanto estas imágenes como el Cristo del centro se encuentran actualmente diseminadas por el templo.























En las fotografías de encima se aprecia cómo quedó la iglesia tras la intervención de los años 70. La de la izquierda es de nada más acabar la reforma, con la patrona colocada en una repisa de piedra caliza colocada a tal efecto. La de la derecha es los años 80-90, en ella vemos que donde antes estaba la Virgen ahora está el sagrario y que la Virgen sigue en el altar mayor.

Este nuevo aspecto fue fruto de las obras que adaptaron el templo a las directrices del concilio Vaticano II, siendo sacerdote Don Pedro. Entonces se cambió por completo lo ideado por Barroso para el presbiterio: se dispuso el altar exento y el ambón, ambos de piedra, que aún hay en la actualidad. La imágenes se cambiaron por una sencilla cruz (que a día de hoy cuelga en una capilla lateral) y unas tablas en las que se podía leer "Cada vez que hagáis esto haréis el memorial mío". También se colocaron dos repisas de piedra sobre las que ubicó a la imagen de la patrona (como ya se ha dicho) junto a la Cruz y, a su lado, una más pequeña para poner flores. De la misma piedra que las repisas del sagrario y el altar, se dispusieron unos bloques a modo de asientos para cura y monaguillos. Con los años estos bloques se sacaron al exterior, también como asientos, bajo el atrio de la iglesia, lo que explica que en la foto no aparezcan. Finalmente los bloques fueron reutilizados para conformar el actual pedestal del imagen del Corazón de Jesús del Camposantillo. Otro elemento decorativo del ábside que se aprecia en la imagen e incorporado en los años 70 es el zócalo color marrón de unos dos metros desde el suelo, era de plástico, imitando madera.
La obra también afectó al resto del templo: se retiró la reja del púlpito (que hasta los 90 estuvo almacenada en unas dependencia anejas a la iglesia), se cambió la pila bautismal de su ubicación original (y habitual en otros templos de la zona) de los pies de la iglesia, en el lado del evangelio, para colocarla en el transepto, en el lado del evangelio.




















Una nueva intervención se llevó a cabo en los 90 del siglo XX,  la primera de las dos llevadas a cabo por iniciativa del párroco, Don Tomás Correas. El resultado fue el de las imágenes de encima,(la de la izquierda publicada en Arquitectura y desarrollo urbano, Tomo XIII, Comunidad de Madrid, página 247, y la de la derecha en la página web de los Barahona y Oviedo Arquitectos).

Fue entonces cuando se puso el actual solado de la iglesia, de granito rosa y piedra caliza. Para ello metieron las excavadoras en la iglesia, se niveló todo destruyendo cualquier resto arqueológico, los huesos que aparecieron no eran más que curiosidades que mover con el bastón o macabros juguetes para los niños, las fases constructivas de la iglesia o lo que quedara de los posibles enterramientos documentados ya en el siglo XV no era interesantes para nadie. Entonces lo que quedaba de los escalones de subida al altar mayor, presumiblemente del XVIII, se retiraron colocando los actuales.

Aunque durante estas obras no se detectó la existencia del mural del ábside,  Don Tomás pidió hacer una cata para comprobar el estado de la piedra de la estructura. El operario, pico en mano, eliminó todos los estratos de mortero llegando a la piedra desnuda en una franja que arrancaba en el suelo y acaba a unos tres metros, recorriendo toda la base del ábside. El párroco consideró entonces la posibilidad  de dejar la piedra desnuda. El aspecto del muro, (mampostería con hiladas y recercado de ladrillo), no se consideró digno, se enfoscó de nuevo con cemento y se colocó un zócalo decorativo de piedra, que es el que hay en la actualidad.


Unos años más tarde, en la obra de 2002, en la que demolieron la torre, un tercio de la nave, el atrio y todo el flanco norte, pasó por allí la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid y encargó una serie de catas antes de pintar el ábside que propiciaron el hallazgo de las pinturas.

Una vez comenzada la tarea de recuperar el mural las restauradoras que pacientemente retiraban las capas superpuestas, no entendían porqué la decoración se acababa de repente y porqué incluso el mortero era distinto a unos tres metros el suelo, ya que este tipo de pérdidas no correspondían con las que habitualmente se encontraban... pero nadie sabía nada. 

Al platearse la recuperación de las faltas de color, en lo relativo al borde inferior del mural, se consideró más coherente dejar una franja blanca allí donde no quedaba ni rastro ni siquiera de los morteros originales, franja que vemos en las fotos de debajo, la primera de la página web de Barahona y Oviedo Arquitectos y la segunda del programa de las fiestas de Santo Torribio de 2005.






Y unos años más tarde, sabe Dios cuándo, se decidió eliminar el testigo de la inmensa cata practicada a iniciativa de Don Tomás, y se entonó en gris la franja blanca de entre el borde inferior del ábside y zócalo decorativo, así mismo, testigo de la mencionada cata. Además, como vemos en la foto de debajo, se cambiaron las dos repisas de piedra colocadas para la Virgen del Carmen y su florero en los años 70, centrándose la de la Virgen para colocar el sagrario, y colocándose a su izquierda la del florero para poner una anacrónica Virgen neorrománica.



Actualización 2018: el altar de piedra colocado en los años 70 es sustituido por otro con una talla en madera antigua representado la huida a Egipto, un homenaje al drama de los refugiados o algo así nos gusta pensar. 

Capillas Laterales

Pila bautismal

Hasta los años 70 la pila bautismal de piedra caliza, datada en los siglos XVII y XVIII, se encontraba a los pies de la iglesia en el lado del evangelio, la ubicación tradicional para los baptisterio, y constante en otras iglesias de la zona como, por ejemplo, la de Fuentidueña de Tajo. Cuentan que incluso la reja de madera torneada que cerraba el recinto se salvó del expolio de 1936... pero no así de los posteriores.

En los 70 la pila se trasladó a la altura del crucero, en la capilla del lado norte, que es donde la vemos en la fotografía de debajo, detrás de la imagen de la Virgen de Fátima. La antigua capilla bautismal se convirtió en un lugar de paso donde se apilaron las laudas sepulcrales retiradas del crucero que, en 2002, se sacaron fuera del templo.


En la intervención de finales de los 90 la pila se movió de nuevo, en este caso se puso en el propio crucero, pegada al arranque del arco triunfal, ahora del lado sur. En la imagen de debajo, como hemos dicho antes, de 2005, asoma por detrás del pilar del arco. La hemos señalado con flechas rojas.


Y en la obra de inicios del 2000 se colocó en la que es, de momento, su ubicación actual, a los pies de la iglesia en el lado sur. No tenemos foto, pero cualquiera puede ir a la iglesia y comprobarlo. Es simpático cuando menos que la pila ya casi ha consumado una vuelta en sentido horario al templo, si algún día a alguien se le ocurre recuperar la ubicación original, tal vuelta se completará.

Capilla de la Soledad

Conviene apuntar también algún detalle sobre los trabajos llevados a cabo en la capilla del lado del evangelio. Esta dependencia no comunica con la nave principal y fue utilizada como almacén después de la Guerra Civil lo que hizo que llegara a los años 90 en muy mal estado. Era un espacio con estructura de bóveda de cañón y en el que se apreciaban restos de pinturas murales imitando mármoles de colores muy mal conservadas. Los benefactores acreditados de esta zona de la iglesia son Miguel Díaz Torresano y su mujer, los cuales pagaron la construcción o profunda renovación, no se sabe muy bien, de la capilla en el siglo XVIII. La lápida de estos Miguel Díaz y su mujer aún se encuentra en este lado de la iglesia, sirvió de escalón hasta que ante este, se dispusieron los fragmentos de la grada del altar desmantelada en los 90. También en esta zona se encuentra la losa de entrada a la cripta de los benefactores que los mayores del pueblo recuerdan que daba a una escalera y a una bóveda con enterramientos, pero que fue llenada con restos extraídos de toda la iglesia en la obra de los 70, de los 90 y de los 2000, ya que en todos aquellos casos se encontraron restos óseos.

En el año 2000 se repintó todo de blanco sin atender los restos de imitaciones marmóreas  y se colocó un techo técnico ocultando la bóveda. También entonces se descubren en esta zona un arco de piedra y una inscripción pintada sobre algún otro benefactor,


En 2002 se fue un poco más allá y se eliminó directamente la estructura abovedada de la capilla del siglo XVIII, lo cual no extrañó a nadie porque la bóveda llevaba ya varios años oculta tras un falso techo. Con ello se consiguió mejorar la altura de las dependencias parroquiales que existen sobre el templo en esta zona. La antigua bóveda de la capilla de la Soledad, en la foto superior tal y como quedó en 2002, era ligeramente más ancha y más alta que el nuevo arco hallado en 2002, que vemos en la imagen con la piedra desnuda. El nuevo nivel del techo de la capilla corresponde con el dintel que se aprecia en la foto de encima, entre las impostas del arco. (Fotografía de Ignacio Hernández García de la Barrera, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico.)
Tampoco es fácil congraciarse con el tratamiento que en estas mismas obras de 2000-2002 recibieron las capillas del lado de la epístola. En una de ellas se cambió completamente la techumbre y no se repuso respetando su aspecto original, de techo plano con molduras de yeso (que además se relacionaban con las de la nave principal, del siglo XVIII), sino que se colocó un techo de madera de pino teñida. Tal vez este cambio sea irrelevante pero, también tal vez, al eliminar el techo y las molduras se han eliminado, sin documentarlos ni estudiarlos, elementos que forman parte del devenir histórico del edificio. Además, el cambio radical que supone colocar un techo de madera con vigas a la vista donde antes había otro plano, enfoscado y con molduras de yeso, dice mucho de lo aleatorio y caprichoso de las obras de 2000-2002.

Desde nuestro punto de vista, el alcance de esta intervención fue tanto o más profundo que el de las obras a cargo de Javier Barroso, tras la Guerra Civil. Lo curioso es que dicha intervención de 2000-2002, parece pasar sin pena ni gloria, ya que se pretende atribuir los drásticos cambios entonces efectuados en fábricas del XVIII, a los trabajos de los años 40.

Coro

Por último, y esto ya es hilar demasiado fino, queremos apuntar los cambios a que dio lugar la intervencion de 2000-2002 en el coro. Positivo: que la viguería de madera se desmontó y se montó de nuevo, no corrió la misma suerte que la madera tallada del alero del ábside, que se usó como calefacción del personal de la obra. Negativo: la absoluta falta de consideración con el sistema de molduras de yeso. La cornisa que recorre la nave, presumiblemente del siglo XVIII, rodeaba el coro en sus tres lados, dando lugar a un espacio muy diferente del que se genera actualmente con los ventanales colocados. Hasta entonces existía un tramo de unos dos metros, junto a la barandilla de metal del coro, en el que la moldura de la cornisa recogía el volumen de la misma, pero transformándolo en una estructura conformada por planos en lugar de nacelas, curvas y todos esos elementos propios del lenguaje barroco. Este tramo correspondía a la zona ocupada por el órgano que hubo en el coro hasta la Guerra Civil, dispuesto en una especie de "balcón" que puede verse en la foto de debajo, en la que vemos en primer plano a la Virgen del Carmen, montada en la carroza, y colocada en la entrada que está bajo el atrio, con las puertas de par en par. La foto está tomada desde el exterior del templo, hacia el interior. El órgano fue obra de Francisco Antonio Díaz en 1746 y vino a sustituir uno anterior del siglo XVI.( Louis Jambou en Evolución del órgano español: siglos XVI-XVIII, Volumen 1. Universidad de Oviedo. 1988. Páginas 93 y 244.)

Desconocemos en qué momento se desmontó el susodicho "balcón", además es probable que la moldura que rellenó el hueco se construyera con planos por razones económicas, pero resulta que con ello siguieron, sin saberlo seguramente, un criterio digamos contemporáneo, ya que se daba continuidad a la cornisa pero, si alguien se fijaba, notaba el cambio y preguntaba, manteniéndose así el recuero del por qué de la transformación del edificio en ese punto. Actualmente el hueco de la cornisa ha dejado de ser testimonio de la memoria colectiva y no estamos seguros de la situación de la barandilla de este "balcón" que anduvo dando vueltas por la iglesia como accesorio decorativo, tal y como se aprecia en la foto de debajo, la del programa de las fiestas de Santo Toribio de 2005 que hemos puesto antes y ahora repetimos parcialmente en la que la reja está colocado al borde del altar mayor en el lado de la epístola.


En conclusión:

si al final ha sido posible salvar al menos las pinturas murales, no ha sido a consecuencia de la preocupación de Valdelaguna por conocer y proteger su patrimonio, sino una mera casualidad. Si la Guerra supuso una pérdida irreparable, lo mismo ocurre con iniciativas bienintencionadas pero mal desarrolladas. Todos somos conscientes de la destrucción que supusieron la Guerra y muchas de las intervenciones llevadas a cabo después por Regiones Devastadas. Lo triste es que el daño producido después parece pretender querer pasar desapercibido y, así, en algunas publicaciones se da a entender que todos los cambios introducidos en el templo original, y que conforman su aspecto actual, se deben a las obras de los años 40, cuando no es cierto... para nosotros es como en cuando en Macondo el único superviviente de la represión de unas huelgas, trataba de que la gente recordara lo ocurrido y que lo único que conseguía es que le tomaran por un pobre loco. Y es que la represión había sido tan efectiva que había llevado a la desmemoria a toda la comunidad.

O nos preocupamos por inventariar los bienes con que contamos y acudimos para ello a las instituciones y a los profesionales, o estaremos a merced de la casualidad. Con ello, poco a poco e irreversiblemente, vamos perdiendo sutiles rasgos de identidad que nos recuerdan de dónde venimos, si no nos importan a nosotros ¿a quién van a importar?.

martes, 28 de enero de 2014

A vueltas con la torre

En las obras llevadas a cabo en la iglesia entre 2000 y 2002 en la iglesia de la Asunción de Valdelaguna se encontraron por casualidad los restos de unas pinturas murales que la Comunidad de Madrid recuperó, La reforma, a cargo del estudio Barahona & Oviedo, fue tan profunda que una cuarta parte del templo fue reedificada. Queremos llamar la atención sobre los siguientes aspectos:
  • No se llevó a cabo ningún estudio arqueológico previo a la demolición con el que, cuando menos, documentar la naturaleza y la historia de tan emblemática construcción, estudio que ya es imposible realizar;
  • Aunque a simple vista la nueva obra parece haber dejado el templo tal y como estaba, se han introducido ciertas modificaciones que hacen que el resultado sea una suerte de pastiche.
  • Todo esto fue posible gracias a que  la iglesia no contaba con ningún nivel de protección. 


 

En el dibujo de encima se muestra un alzado de la fachada de la Iglesia que da a la Plaza, realizado por el arquitecto Javier Barroso antes de ejecutar las obras de rehabilitación que se llevaron a cabo en los años 40 del siglo XX tras la Guerra Civil. En este caso se efectuaron cambios importantes que configuraron, un poco gratuitamente, el aspecto actual de la torre:
  • Se demolieron ciertas partes de la construcción:
    • por un lado la escuela católica que se había construido en 1934, ocupando el atrio y parte del Portalillo y cuyo acceso, como se ve en el dibujo, era a través de una puerta y unas escaleras que daban a la rampa que une la Plaza y la Iglesia;
    • por otro ciertas dependencia que ocupaban el espacio de lo que hoy es un muro en torno a la torre, ya presentes en los planos del siglo XIX y que, probablemente, servían de apoyo a la estructura de campanario.
  • La torre no se levanta centrada respecto al eje de la nave de la Iglesia, sino desplazada hacia la izquierda. En el dibujo, el lado izquierdo de la torre es recto y el derecho es una de las dos aguas de la nave. Actualmente al lado izquierdo hay un muro que finge, visto desde el frente, que la torre se levanta en el centro de la nave, dando la sensación de que la Iglesia es mayor de lo que es y aportando simetría a la fachada. 
  • Por lo tanto, la imagen de la Iglesia que tenemos actualmente desde la Plaza, con su simetría y su claridad, es una interpretación de Javier Barroso. El edificio original con su torre desplazada a un lado de la nave y sus construcciones aledañas más bajas, parece que fue concebido de otra forma. De hecho si se demolió la torre en 2000 fue porque se inclinaba y amenazaba según parece con caerse hacia la zona que antes ocupaban dichas construcciones, cabe preguntarse si los artífices del edificio original, no previeron tal riesgo y lo solucionaron calzando la torre con otras construcciones más bajas, siendo el capricho del señor Barroso en los años 40, la causa principal de haya que haber acabado mutilando la obra antigua. Tal vez el muro del lateral izquierdo de la torre acoplado en los años 40 no tenía solo una función estética, sino que pudo pretender ser un contrafuerte que sustituyera la función de las construcciones demolidas, dispositivo insuficiente en cualquier caso si pretendía que hiciera de contrafuerte, ya que no sujetaba la torre en la dirección en la que luego se produjo la inclinación.
Esta distribución de formas, con el hueco de las campanas y la hornacina alineados y la puerta aparentemente descentrada, al haberse colocad un muro en el lateral izquierdo, ha sido el aspecto de la fachada de la iglesia hasta su demolición en el año 2000. El plano de debajo, trazado a instancias del Ministerio de Cultura, muestra claramente cómo este era el estado de la iglesia en 1983.




    En la imagen superior vemos la vieja torre a la izquierda y la nueva a la derecha. Parece que la obra de 2000 quiere enfatizar la idea de Javier Barroso de conseguir una fachada simétrica que de la sensación de que el templo es más grande de lo que es. En la nueva se ha ha aumentado considerablemente la altura de la puerta y también se ha desplazado a la izquierda, centrándola con la torre y descentrándola al interior como luego se verá. La hornacina se ha reubicado reforzando el eje de simetría. Se han añadido además dos ventanas que no existían, puesto que originalmente esta parte era un macizo de tres o cuatro metros de espesor que servía de base a la torre. Por último, si nos fijamos en el lado derecho de la fachada veremos cómo la antigua tenía un desnivel que en la nueva se convierte en una sola línea recta. 

    También conviene comentar que en la nueva obra se ha empleado piedra de Colmenar para enfatizar partes que eran mucho más humildes en la obra original: el zócalo, las esquinas, el recercado del arco de la puerta imitando sillares y las piedras que enmarcan las dos nuevas ventanas, son algo que pretende dar una imagen de la iglesia como se supone que tendría que haber sido pero como, de hecho, nunca fue. Lo mismo ocurre con la cornisa del alero de la torre, la antigua era de yeso y se relacionaba formalmente con las de la nave, en el interior del templo. La nueva es una moldura más simple, totalmente gratuita tanto por la forma como por la piedra en que se ha hecho.
    Las dos esculturas también se han modificado: la imagen de la Virgen de la Blanca, de piedra caliza blanca en origen, se ha patinado de un tono ocre sin quedar muy claro el criterio de dicha pátina. La imagen del Corazón de Jesús que remata la torre fue una ofrenda de los vecinos, era de cemento y tendía humildemente sus brazos al pueblo (en la imagen de al lado, una vez bajado de la torre), la nueva es de mármol blanco y hasta el gesto es distinto ¿acaso expresa mejor el fervor del pueblo el lujoso mármol que el cemento que con tanto esfuerzo fue adquirido en su día?... la pena es que parece haber quien piensa que sí.



     En la imagen superior más de lo mismo (antes de la reforma a la izquierda, después a la derecha), se ve claramente el muro del lado izquierdo, aportación como se decía al principio, de Javier Barroso. Si nos imaginamos la fachada sin dicho muro, el cambio es sustancial y se acaba de entender el dibujo del principio. La nueva torre sí ha respetado en este lado el perfil digamos escalonado, aunque, eso sí, se han cambiado las alturas.
    En la  torre antigua, a la izquierda, el tejadillo más bajo y la puerta corresponden al acceso de la antigua casa del sacristán. Tras la obra, a estas dependencias se accede desde el  interior del templo. Al subir este tejadillo se enmascara aún más el muro de Javier Barroso, consolidando la ilusión de que, desde el exterior, el templo es más grande.
    También se han modificado el tamaño del hueco para campanas de la izquierda y el posterior, que da al tejado de la iglesia y no se ve en la imagen, correspondientes a dos campanas de menor tamaño que tuvo la iglesia antes de la Guerra Civil. Los balcones tampoco son los originales, las barandillas nuevas tienen una decoración se puede decir que rústica, que ni alude a la antigua ni deja claro que se trata de elementos completamente nuevos.


    Ahora comparamos la puerta antigua, a la izquierda, con la nueva. Tomando como referencia los dos machones del muro perimetral se hace evidente el desplazamiento a la izquierda de la puerta. Además, aunque la puerta original sí se ha reutilizado, se ha aumentado la altura del arco de forma que para llenar el hueco se ha colocado una estructura de madera.
    En el empedrado antiguo se podía leer, justo ante la puerta, "AÑO 1948". En el nuevo empedrado también se observa claramente el desplazamiento a la izquierda, dicho empedrado imita el antiguo y se puede leer entre los machones "2002", ¿también fue necesario cambiar el empedrado, que contaba con un régimen de protección ambiental?.



    En esta otra comparativa vermos la zona del coro: antes de la reforma de 2000-2002 a la izquierda y a la derecha después de dicha obra. El desplazamiento de la puerta es más obvio aún desde este punto de vista que desde el exteriro. Los arquitectos han aprovechado que se han adelgazado los muros para abrir ventanas (las dos nuevas a derecha e izquierda de la puerta, y otra más formando la hornacina de la Virgen visible desde el exterior), que transmiten la luz al interior mediante unas grandes cristaleras.

















    En esta otra comparativa: a la izquierda el coro en los años 80, a la derecha la situación actual, ahora en color, en una fotografía publicada en la Enciclopedia Digital del Románico.


    En el plano de debajo, de 1983, vemos cómo la puerta a los pies está centrada y cómo la torre se apoya en dos macizos que ahora son un vestíbulo y la capilla bautismal.



    El resultado fue por lo tanto una obra que más o menos se parece a lo que había, más funcional puesto que da más luz a la iglesia, incorpora las dependencias de la antigua casa del sacristán y transforma el antiguo macizo sobre el que se apoyaba la torre, en un espacio útil. Parece además que los arquitectos han dado por bueno el criterio de Javier Barroso de que la fachada sea más ancha que la nave y aumentar la sensación de simetría en dicha fachada.



    Desde aquí nos hacemos las siguientes preguntas:
    - ¿Era la interpretación de Javier Barroso la correcta para una obra popular del siglo XVIII?
    - ¿Era necesario destruir por el camino los matices que hacían singular a la construcción?
    - ¿Era necesario desplazar la entrada desde su eje lógico, enfrentado al altar mayor?
    - ¿Porqué se ha aumentado el tamaño de una entrada que no se usa como principal acceso al templo?
    - Si la obra original era de materiales humildes como yeso y mampostería, ¿qué se pretende con los recercados y la cornisa de piedra? ¿embellecer, dar enjundia, dar sensación de antigüedad, hacer lo que se hubiera querido hacer en el pasado pero no tenían medios?
    - ¿Por qué es mejor una Virgen Blanca patiada de ocre que una de piedra blanca, o un Cristo de mármol blanco que uno de cemento con su pátina del tiempo?


    Ya no es posible hacer estudios arqueológico, histórico o artístico, que podrían haber ayudado a conocer mejor la construcción original. Con dichos estudios se podría decidir si demoler la torre y, de hacerlo, de qué forma interpretarla evitando arbitrariedades... puestos a cambiar las cosas incluso se podría haber revertido la intervención de Barroso, calzando la torre con la construcciones aledañas que, con el tiempo, han demostrado tener un carácter estructural y no ser ni una chapuza indeseable ni un capricho arbitrario.



    Fotomontaje a partir de una imagen de la torre antes de la obra de 2000-2002, que pretende dar una idea de cual sería el aspecto del campanario antes de la intervención de los 40, a partir del alzado de Javier Barroso.