sábado, 8 de diciembre de 2012

Recordar para recuperar

En los lavaderos, sobre los caños, hay un modesto monumento en ladrillo y piedra caliza, donde vemos el símbolo de la falange y un frontispicio, flanqueado por dos mujeres la una con botijo y la otra con cántaro, en el que podemos leer la inscripción “EL TRABAJO DIGNIFICA A LA MUJER” y la fecha de 1956. Ni qué decir tiene que es un monumento que emana cierta ideología, para la cual el lugar de la mujer digna es en su casa, llevando agua, y lavando en la fuene.
En la foto que aportamos hoy vemos la fuente antes de que se construyera el monumento fascista. La fuente solo tiene dos caños, actualmente tiene tres, y la pila es más corta. Vemos también, tallada en piedra, la fecha de 1879. Se trata de un documento que permite datar el lavadero
lo cual, a ojos de la dictadura no debía de tener ninguna importancia. Algo similar debió suceder con los nombres de algunas calles del pueblo, aquellos nombres que el propio pueblo puso y que trascendieron a lo largo del tiempo, aquellos que heredamos de nuestros antepasados, una herencia cultural tan valiosa como cualquier bien... pero estos nombres no debieron de parecer lo bastante buenos a ojos de políticos que borraron de un plumazo la herencia secular recibida. Al margen de controversias, recuperar aspectos culturales cuya memoria se pierde en la noche de los tiempos, es un aspecto positivo que nos permitirá ahondar en el conocimiento de nuestra propia historia. Como todos sabemos en los últimos años se han hecho esfuerzos por recuperar la cultura propia de los pueblos, cultura que la dictadura laminó con su propaganda. Lo que permanece en Valdelaguna es la propaganda de la dictadura, ocultando la herencia cultural e incumpliendo también la ley de Memoria Histórica, con la connivencia de la actual corporación, que ya ha debatido si cumplir dicha ley o no, votándose mayoritariamente incumplirla.
Tal y como se percibe en este plano, datado a finales del siglo XIX y que cualquiera pude conseguir en la Casa del Mapa, las actuales Avenida del Generalísimo y Calle José Antonio eran entonces Calle Perrelete (aunque algunos mayores aún cuentan que antes de la Guerra Civil era Calle Real), la Calle Carlos Ruiz era Solana Baja, nombre que da sentido a la actual Solana Alta, y la Calle Nicolás de Arespacochaga era Calle Sombría.


¿Cómo recuperar la herencia cultural que el fascismo nos negó sin negar la existencia de este? Desde aquí se propone: en el caso del frontispicio de los lavaderos, reubicarlo, por ejemplo, en el patio del Ayuntamiento, como documento histórico pero no como homenaje a ninguna ideología, especificando su proveniencia y periodo histórico que representa, de forma que no caigamos en la desmemoria. Dicho traslado serviría además para comprobar si se conserva o  no la lápida original del siglo XIX bajo el actual monumento, de forma que se podría recuperar o, si no, reproducirla a partir de material gráfico o, cuando menos conservarla y exhibirla. Sobre las calles, además de volver al nombre original, se debería de especificar el periodo franquista, por ejemplo: en la misma placa de “Calle Perrelete” se podría indicar el nombre previo y las fechas durante las que este estuvo vigente, es un recurso intermedio empleado en otros municipios que no niega la dictadura pero que reconoce la raíz cultural del propio pueblo sin dar preferencia a ninguna ideología.

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