Si preguntas en Valdelaguna sobre el retablo de Santo Toribio en la Iglesia de la Asunción, cualquiera te dirá que es muy antiguo, que estaba en la ermita, en el cementerio, de donde fue traído después del la Guerra Civil para adorno de una iglesia devastada. En 2001 dicho retablo fue objeto de una intervención en los talleres de Santiago Lara Molina, en Socuéllamos (Ciudad Real), empresa inactiva en la actualidad. Las pinturas laterales presentan la firma de José Antonio Espinar y la fecha también de 2001.
En las imágenes de debajo se puede ver a la izquierda el retablo antes de su renovación, en 1996, a la derecha el después. Ambas fotos provienen de los programas de fiestas del Santo. Nos guste o no el resultado, que la opinión aquí es irrelevante, no sabemos si debajo de la intervención de 2001 habrá o no un original de los siglos XVI o XVII, con el agravante de que las pinturas laterales originales, de la misma época, no han vuelto y se encuentran en paradero desconocido. Para Valdelaguna se trata de una pieza única en su escaso patrimonio cultural que ha sido expoliada impúnemente.
El aspecto del retablo antes de la renovación se corresponde con otros ejemplos de los muchos del último tercio del siglo XVI y principios XVII,producidos por artífices de la entonces diócesis de Toledo y
que se trazaron a instancias de cofradías más o menos relevantes.
En los croquis realizados in situ para el Inventario artístico de la provincia de Madrid, dirigido por José María Azcárate y publicado en 1970, se ubica en el mismo lugar que actualmetne ocupa este de Santo Toribio (el testero del lado de la epístola), un retablo barroco y se le adjudica la advocación de San Blas. No es extraño confundir la advocación de Santo Toribio de Liébana con la de San Blas, si consideramos tanto lo próximo de la iconografía de ambos santos como por lo digamos exótico, que resulta el culto a Santo Toribio en el ámbito madrileño. En la parroquia nunca ha existido tras la Guerra Civil imagen alguna de San Blas, por lo que tal advoación es necesarimente errónea y no cabe duda de que José María Azcárate se refería al retablo de Santo Toribio. Además dicho retablo es el único que ha existido en la iglesia tras el expolio sufrido por esta durante la Guerra Civil, y hasta no hace mucho en que se ha adquirido uno nuevo para la Virgen del Carmen.
Ni antes ni después del apunte de José María Azcárate hay noticias del retablo, a la Comunidad de Madrid se le escapó en sus inventarios posteriores.
Para reforzar la idea de que se trata de un retablo antiguo expoliado a través de un proceso de una intervención sobre un bien cultural no comunicado a la adminstración, se ha trazado una historia material del bien a través del devenir de los dos edificios que, según es sabido en el municipio, albergaron dicho retablo.
Comencemos por la ermita:
El grueso del edificio aún se conserva, englobado en el cementerio municipal, haciendo las veces de almacén. Se trata, junto con la iglesia, del edifcio más antiguo documentado del que aún quedan restos en Valdelaguna.
Según las Relaciones topográficas de Felipe II, redactadas las de Valdelaguna en 1580, ya existían tanto el culto al Santo, venerado como patrón, como la ermita. Según se narra en esta documento, en un momento de sequía, se echó a suertes a qué Santo rezar, saliendo el actual patrón de la Villa, que tras una rogativa, regó el pueblo con una copiosa lluvia.
Según una transcripción de un documento publicada en 1983 por Juan José Molinero, entonces párroco del municipio, el patronazgo del santo Toribio data de 1521. Aquí lo que se recoge es el acto solemne de proclamación del patrón y también se alude a la lluvia que se produjo por su bienaventurada interccesión.
Pascual Madoz y Andrés Martín Pérez en el siglo XIX y Juan Ortega Rubio en 1921, citan la ermita. Los tres autores coinciden en que se encuentra en un estado ruinoso e incluso, según Ortega Rubio, cerrada al culto. No nos dan detalles sobre su decoración ni sobre si en ella había retablo alguno o qué.
En el archivo parroquial del municipio se conservan unas hojas sueltas en las que se recoge el Acta de la junta general extraordianaria de la Hermandad de Santo Toribio de Liébana, con fecha 9 de agosto de 1930. Ante la disyuntiva de restaurar la ermita existente o hacerla nueva se opta por hacer una nueva en terrenos que ya se habían donado, lo que permite hacernos una idea del estado en que se encontraba el edificio, ya que se decidio abandonarlo definitivametne.
También encontramos en el Archivo parroquial dos inventarios de los bienes de la iglesia, uno de 1923 y otro de 1935. En el primero la imagen del Santo se encuetra en la Iglesia y no en la ermita, flanqueando junto con San Roque, cada uno en una sencilla hornacina, el retablo de la Virgen del Carmen, en el mismo lugar que ocupa esta a día de hoy en una capilla en el lado de la epístola. En 1935 Santo Toribio afianza su ubicación ya que para entonces se le ha colocado al Patrón del pueblo un sencillo retablo, según se dice, de nigún valor ni mérito artístico.
Relacionando los datos de la ruina de la ermita con la presencia del Santo en una sencilla hornacina podemos hacer varias conjeturas. No tiene mucho sentido que el que fuera patrón de Valdelaguna desde 1521 no tuviera un sitio acorde con su dignidad en 1923. La explicación a este hecho puede venir dada porque hasta entonces, el culto a Santo Toribio se llevaba a cabo en la ermita que, según Ortega Rubio se encontraba cerrada en 1921. Todo esto viene reforzado porque en 1935 se ha dignificado al Patrón con un nuevo retablo. Se trata de la misma época en la que según el acta de la Hermandad, se estaba poyectando una nueva ermita. Lo más probable es que la idea fuera dejar el retablo antiguo en la ermita cerrada al culto hasta que se construyera la nueva. Mientras, para honrar a Satno Toribio se dispone un pequeño retablo en la iglesia. El carácter humilde de este retablo, nos da pistas sobre el caracter transitirio de esta nueva ubicación de la imagen del Patrón.
Con la llegada de la Guerra Civil, la iglesia es saqueada. Al santo se le coloca un fusil y se le coloca en la plaza, como montando guardia a la entrada del pueblo. Según los testimonios costó varios calcinar completamente la escultura.
Aunque se puede probar que la ermita existe desde el siglo XVI, de la existencia del retablo en la misma no ha quedado rastro documental, ahora bien, cualquier vecino de cierta edad puede certificarlo e incluso contar cómo se encotraba en el la ermita del cementerio. Según cuentan, la ermita ya no se usaba más que para guardar durante la noche las luminarias que se llevaban al cementerio el día de difuntos, y evitar así que se apagaran con el viento. Existía también, según se dice, un altar sobre el que colocaban dichas luminarias.
Tras la Guerra Civil y al no contar la iglesia con nigún adorno, el retablo se trasladó y, con este, de forma definitiva el culto al santo ya que la ermita se transformó en almacén y tanatorio, abriendo puertas y ventanas nuevas.
El traslado del retablo a la iglesia se hizo en un carro. En su nueva ubicación se cosntruyó un nuevo altar de yeso. Una vez instalado el retablo en la iglesia se repintó con las pinturas que tenían a mano. Se nos dice también que el aspecto multicolor que presentaba el retablo antes de la restauración de 2001, no era nada comparado como los muchos colores que tenía nada más instalarse, antes del repinte. Este detalle no hace más que consolidar la hipótesis de la datación del retablo, ya que es carácterístico de los retablos de finales del XVI y principios del XVII, el empleo de una rica policromía al temple además del dorado. Teniendo en cuenta los avatares vividos por el retablo, abandono, ruina, traslado en un carro, repinte con pintura comercial... no es de extrañar que las pinturas de los laterales se encotraran totalmente enmacasradas por una gruesa capa de barnices oxidados y repintes virados.
El retablo en la iglesia:
Existen en el archivo parroquial dos exhaustivos inventarios de los bienes de la iglesia llevados a cabo por los párrocos en 1923 y 1935. Por estos inventarios podemos saber que el lugar que actualmente ocupa este retablo, en el testero de la nave del lado de la epístola, hubo hasta el saqueo de la Guerra Civil un retablo barroco, con columnas salomónicas, que ocupaba toda la pared (este de Santo Toribio comparte espacio con una puerta abierta en los años 40), dedicado a la Virgen de la Blanca, en quel entonces patrona del municipio.
A pesar de que está probado que Santo Toribio ostenta el patronazgo del municipio desde el siglo XVI, en los citados inventarios su imagen no cuenta con una ubicación digna de dicho patronazgo. Esto se explica por el hecho de que su lugar de culto fue la ermita del cementerio.
En el inventario de 1923 la imagen del santo se encuentra en una hornacina, así sin más, sin nada que dignifique la imagen del patrón, en la pared de una capilla del lado de la epístola. En el inventario de 1935 se describe en ese mismo lugar un retablo colocado en 1933, según se dice de poco valor, en madera pintada al óleo con algunos adornos dorados. Forma hornacina con la imagen del Santo y dos repisas con las imágenes de San Antonio Abad y San Vicente de Paúl. Estos datos se pueden relacionar con el hecho registrado por Ortega Rubio en 1921 sobre que la ermita estaba cerrada al culto, ya que con dicho cierre es lógico que la imagen del Santo se traslade a la iglesia para su veneración, de modo que no fue hasta 1933 que no le hicieron un retablo al patrón y aún así algo humilde, nada que ver con los dorados de columnas salomónicas que nos describen para la Virgen de la Blanca, la del Rosario, del Carmen, la Soledad, un Cristo y en el altar mayor con el tema central de la Asunción.
Con la Guerra Civil se desmantela la Iglesia. La Junta de Incautación no puede salvar más que algunos objetos por lo demás en paradero desconocido. Javier Barroso firma en 1945 el proyecto de restauración de la iglesia promovido por Regiones Devastadas. En el presupuesto no se incluye niguna partida para ornato de la iglesia.
Si antes de la Guerra Civil no había nada en la iglesia parecido al retablo que nos ocupa, y tampoco se construyó nada nuevo después de la contienda ¿de donde salió entonces el retablo que Azcárate inventaría como barroco en 1970? Las piezas encajan y el puzzle termina de cobrar sentido, los testimonios de los vecinos sobre la antigüedad y la procedencia del retablo encajan con los hechos demostrables. También se podría hacer un estudio comparativo del retablo a partir de imágenes del mismo de antes de la restauración de 2001, con otros retablos del último tercio del siglo XVI y principios del XVII que aún se conservan en el ámbito de la actual Comunidad de Madrid. Las coindidencias son asombrosas con otras piezas conservadas en Cerceda, Braojos o Algete, por citar algunos.
Si sirve de algo mi propio testimonio, a falta de mejores fotos que la del principio, puedo decir que de niño, al poner flores, velas, el monumento o lo que fuera, aprovechaba para trepar por el altar de escayola y mirar de cerca las misteriosas pinturas que se intuían tras una gruesa costra marrón. Mi curiosidad por estos temas ha sido innata. Una mañana amanecí en Valdelaguna, me habían dicho que ya habían puesto el retablo de nuevo tras su "restauración". Aquí me puedo opner literario. Hacía sol y frío. Me desperté con el tañido de las campanas, me vestí a toda prisa y bajé corriendo a la Iglesia para ver qué había tras la mugre que ocultaba las pinturas. Es difícil compartir la ilusión que viví y la decepción de después. La luz entraba a raudales por la ventanas e iluminaba el retablo. Ya de lejos me dije, este no es mi retablo que me lo han cambiado. Me lo sabía de memoria, lo había dibujado muchas veces, lo poco que había perceptible de las pinturas estaba nítido en memoria. Lástima que entonces las cámaras de fotos no fueran algo tan cotidiano como es hoy. Lástima que no me diera por hacer alguna antes de que se lo llevaran. Para mi estaba claro, no había duda, el retablo tenía demasiadas innovaciones para mi gusto, el oro era feo y la pátina falsa. Lo peor eran las pinturas, no estaban. Casi lloro. A mi alrededor las señoras comentaban encantadas lo bien que estaba. Las pinturas no son las mismas, musité. Encontré alguna mirada cómplice que me daba la razón en silencio. Algunas personas intentaron persuadirme de que estaba equivocado. Al señalar la firma de las pinturas, con la fecha de 2001, me asuguraban que las restauraciones también había que firmarlas. En fin, desolado hablé con todo el que pude, o se me negaba la mayor, o se me decía que no fuera tan pejiguera, que me quedara con lo positivo, que era lo bonito que lo habían dejado. Acudí a la Comunidad de Madrid, al Obispado... nada, no tenían nada inventariado ergo no se había podido perder nada. Al hablar del inventario de José Maria Azcárate, que dice que en los 70 había un retablo barroco, se me contestó que era difícil precisar qué retablo barroco era ese. Pues el único, decía yo, tras la Guerra solo ha habido uno. Las restauradoras que por aquel entonces trabajaban en la iglesia me trataban con condescendencia, para ellas era obvio que se trataba de una obra nueva y mi testimonio andaba entre la rabieta, la fantasía y la ignorancia. Nada, todo indemostrable. Aún sueño con que un día salga en las noticias que han encontrado unas pinturas arrumbadas en la casa rectoral o en algún sitio inopado de Valdelaguna, con se restauren, y vueval a poder verse en el lugar en el que permanecieron 400 años.
Por último, y partiendo de las imágenes del principio del artículo, vamos a enumerar los cambios más llamativos introducidos en el retablo con la intervención del taller de Santiago Lara Molina.
El aspecto general del retablo es muy distinto, se ha redorado completamente, algunas piezas han desaparecido, hay partes que se han cambiado de sitio, otras se han añadido, se han reintegrado pérdidas sin ningún criterio...
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Quizá lo más grave del asunto sea la tal vez irremediable pédida de las pinturas laterales. En las imágenes de encima podéis ver agrupados el antes y el después de cada pintura. Bajo capas y capas de barniz oxidado y repintes con marrón oscuro, en las imágenes de la la izquierda de cada grupo, se pueden percibir trazas de figuras que nada tienen que ver con lo que vemos a la derecha de cada grupo, donde vemos las pinturas actuales, firmadas por José Antonio Espinar. Consultado este autor vía e-mail nos certifica que, en efecto, son obra suya, óleo sobre liezo encolado en DM. También ratifica que la intervención se realizón en los talleres de Santiago Lara Molina, en Socuéllamos. En la misma consulta nos dijo no saber nada sobre unas tablas originales de las que, por otro lado, nada se había dicho en nuestro correo. Los marcos también son nuevos, obsérvense detalles de talla en el tramo superior del original de la derecha, que no existen en el nuevo.
El altar de yeso construido en la iglesia para istalar el retablo después de la Guerra es completamente desmantelado y sustuido por un plinto decorado con molduras nuevas y un marmolizado.
En la imagen superior el aspecto del retablo en la actualidad, debajo cómo estaba antes de la restauración. Vemos que originalmente existía un banco conformado por una cartela flaqueada por roleos, cartela en torno a la cual se disponía una repisa sobre la que se apoyaba la imagen del santo titular. Dicho banco ha sido completamente desvirtuado, cartela y repisa han sido suprimidas, ahora la imagen descansa directamente sobre el nuevo plinto. En la imagen superior, en los extremos, vemos los dos roleos que antes de la restauración flanqueaban la cartela central, pintados de verde, detrás de las jarras.
Ni siquiera se ha tenido el cuidado de colocar las columnas en su disposición orginal, si se observa el sentido de las estrías helicoidales que decoran el tercio inferior del fuste, se puede ver que no es el mismo en la imagen superior, su estado original, y la inferior, tras la restauración. El fondo de la hornacina es completamente nuevo. En las impostas se han añadido molduras que no existían (no sale en la foto, ver fotografía del principio de la entrada)
En el centro de los casetones del sofito se han añadido aleatoriamente cinco elementos decorativos (imagen de arriba), que sustituyen otros cinco casquillos de bombilla. Esto de añadir bombillas aquí y allá fue una práctica relativamente habitual en los años en que se trasladó el retablo de la ermita a la iglesia.
Las pinturas laterales se han retranqueado respecto del cuerpo central. para ello ha sido necesario añadir molduras en los extremos. Se puede comprobar contando los modillones de la cornisa, mientras que en origen, a la izquierda, había dos, tras la restauración, a la derecha, contamos cinco.
En esta imagen se aprecia el retablo de Santo Toribio desde su lateral izquierdo en los años 80, desde las escaleras del altar mayor. A continuación del altavoz que hay junto a la esquina del altar mayor, está una de las dos talblas perdidas con su marco. Queda claro, a pesar de la mala calidad de la imagen, que el plano del retablo y el de la tabla lateral es el mismo y que solo sobresale el plinto donde descansa la columna. Si se compara esta imagen con la situación acutal, el cuerpo de hornacina y columnas se ha avanzado artificialmente como medio metro respecto del plano de las tablas laterales, modificación que explicaría los tres nuevos canecillos de la cornisa.
Esta nueva disposición del cuerpo central es una de las modificaciones estructurales más llamativas llevadas a cabo en la intervención, desvirtúa completamente la distribución de volúmenes en la pieza orginal.
En el original, en la imagen de la izquierda, existían unas volutas que excedían el cuerpo central y que quedaban dispuestas por encima de las pinturas laterales. Estas volutas han sido redistribuidas y se han usado como aletones que flanquean la hornacina superior del cuerpo central. Lo aletones originales han sido sencillamente suprimidos. En esta misma hornacina central del cuerpo superior, se han añadido una caja y un fondo que no existía. Las bolas del remate se han sustituído por unas piramámides (ver imagen del inicio de la entrada)
Aunque no es descabellado pensar que al instalar en retablo en la iglesia se colocaran las volutas de forma distinta a como estaban en la ermita, no tiene sentido deshacerse de los aletones originales que conectaban las cartelas y la hornacina. Además, si la colocación primea resulta extraña, tampoco es habitual la propuesta por Santiago Lara Molina.
A sugerencia de una amiga y tras una reacción digamos negativa, me replanteé en serio el tema de la excéntrica disposición de las volutas que yo había asumido como natural, ya que así las había visto desde que tenía memoria. Pensé entonces en una colocación alternativa que integrara todos lo elementos presumiblemente originales. Teniendo en cuenta lo obviamente lisos que resultan tanto los aletones (aunque es posible que tuvieran alguna decoración de carácter pictórico, sin desarrollo en volumen), como los plintos que dan altura a las cartelas, es más que probable que las volutas se encontraran delante de estos elementos, conformando un dintel partido que tan habitual resulta en muchos de los retablos de finales del XVI y principios del XVII de la Comunidad de Madrid. Nos hemos permitido hacer un foto montaje con al propuesta (perdón si resulta un poco cutre salchichero, a la falta de tiempo se le suman el afán de apostar por el software libre y demasiado photoshop). Al lado del montaje podemos ver un retablo de la iglesia de Cubas de la Sagra, en Madrid, en el que observamos una disposición calcada, salvo que en uno encontramos pináculos y en otro cartelas.
Pasados diez años es difícil soñar con que las pinturas originales vuelvan algún día a Valdelaguna o que el retablo ocupe su lugar en algún inventarios... pero por soñar que no quede...
Bibliografía
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CÁMARA MUÑOZ, ALICIA. CAMACHO VALENCIA, SANTIAGO (coordinación). Retablos de la Comunidad de Madrid. Siglos XV a XVIII. Dirección General de Patrimonio Cultural. Consejería de Educación y Cultura de la Comunidad de Madrid, 1995.
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ORTEGA RUBIO, JUAN. Historia de Madrid y de los pueblos de su provincia. Imprenta Municipal. Madrid, 1921.
Archivos consultados
Achivo General de la Administración
Obras Públicas. Regiones Devastadas, Caja 3387. Proyecto de Restauración de la Iglesia Parroquial de Valdelaguna 1945. Arquitecto Javier Barroso.
Archivo Parroquial de Valdelaguna (Madrid)
Libros de fábrica, hasta 1783.
Libro de cuentas, gastos e ingresos de la Hermandad de Santo Toribio. Comienza en 1952
Inventario de los bienes de la Iglesia de la Asunción de Valdelaguna, hecho en 1923 por el presbítero D. Baltasar Herranz coadjutor de Chinchón.
Inventario de los bienes de la Iglesia de la Asunción de Valdelaguna, hecho en 1935 por el cura ecónomo Don Gabriel Martínez Gutiérrez
Archivo del Instituto del Patrimonio Cultural de España
Actas de Incautación Zona Centro. Letra V. Acta de Incautación de Valdelaguna.1938
Servicio de Recuperación. Expediente del Ayuntamiento de Valdelaguna. 1940
Croquis para la realización del Iventario Artístico de la Provincia de Madrid de José María Azcárate. 1970
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